Ma. de Guadalupe de la Mora y Navarrete RMI

Ma. de Guadalupe de la Mora y Navarrete RMI
Murió santamente en la paz del Señor en México el 14 de Febrero de 1960.
Nació en Guadalajara, México el 24 de Septiembre de 1906. Ingresó en la Congregación en el año 1927. Tomó el santo Hábito el 2 de Febrero de 19Presentación128. Hizo los primeros votos el 9 de Febrero de 1930.
Conoció a la Congregación en su tierra natal, Guadalajara, Jalisco, México.
Habiendo manifestado su vocación de religiosa, fue admitida para su postulantado por la RM General Ma. de San Luis de Caso y salió del país con las religiosas que tuvieron que dejar el país debido a la persecución religiosa de los Presidentes Calles y Obregón.
Hizo su noviciado en Madrid. Años después fue nombrada superiora de la casa de Vitoria.
El 13 de Mayo de 1947 salía para México encargada por la Rvdma Madre Superiora General para las fundaciones de México y Guadalajara. Su entrega a Dios en su amado Instituto la llevó hasta gastarse por El, muriendo a los 53 años llena de méritos y virtudes.
Sobresalió en ella un espíritu de fe tan grande que no se arredraba ante ninguna dificultad, confiando enteramente en la Divina Providencia.
Por su fidelidad heroica fue el descanso de sus Superiores. Siempre fue para sus hijas verdadera Madre, desvelándose por el bien espiritual y material de sus Religiosas y acogidas, hasta olvidarse de sí misma. Su dulzura y amabilidad atraía a cuantos la trataban, dejando sus almas llenas de paz.
Su edificante muerte fue la confirmación de su santa vida.
En un coloquio continuo con Jesús y la Santísima Virgen repetía sin cesar: “Dulce Madre no te alejes tu vista de mí no apartes, ven conmigo a todas partes y sola nunca me dejes”. Quisiera amarte Dios mío, con el amor de los Santos que más te han amado.
“Señor que ya termine para que empiece lo que nunca termina”.
“Siento enorme desprendimiento de todo y enorme atracción a Dios”.
“Sufro mucho pero sufro con paz, con tranquilidad, estoy en Dios, creo que he hecho cuanto he podido, si no hice más no lo quise.
Bendijo a todas sus hijas, dándoles sus últimos consejos.
Con pleno conocimiento hasta el fin, ya en sus últimos momentos, pidió perdón a su comunidad, después comenzó la oración: “Tomad Señor y recibid…etc. Estas fueron sus últimas palabras.
Estuvieron presentes toda su comunidad y su hermano jesuita Alfonso.
Que ella desde el Cielo donde estará recibiendo el premio de su santa vida, nos alcance poder imitarla en sus virtudes.

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